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El Espíritu Santo
Nos ha sido dado

Desde el Santo Bautismo se nos ha sido dado el Espíritu santo, como así también después en los demás sacramentos; también en cada oración de experiencia personal y comunitaria y en toda obra buena se nos da el Espíritu. Siempre se lo puede percibir en los frutos de los que habla Galatas 5,22; todo esto podríamos decir que es lo común dentro de lo extraordinario. Pero estamos llamados también a una relación personal con Él; así como los apóstoles, que a pesar de que habían recibido el Espíritu Santo como podemos ver en Juan 20,22 que dice: “al decirles esto soplo sobre ellos y añadió: reciban el Espíritu Santo”, El Señor se los mandó otra vez el día de Pentecostés, pero esta vez se los hizo experimentar de una forma sensible y extraordinaria, personal y comunitaria, incluso a María que tenia el Espíritu Santo desde su Inmaculada Concepción.



Es una Persona

En la Sagrada Escritura, el Espíritu Santo es representado "como una paloma", ( S. Lc. 3,22); "Como lenguas de fuego y viento huracanado"(Hechos 2, 2 y 3), pero en realidad no es una paloma, tampoco es viento, ni lenguas de fuego, es una Persona, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, y como tal debemos relacionarnos con Él. A esta Persona no solo se la puede sentir, experimentar en sus frutos, sino también en el momento mismo que se derrama o fluye desde nuestro interior, lo que conocemos como bautismo en el Espíritu Santo.

Es una Persona con la cual podemos hablar, oír, sentir su suave impulso en nuestro interior, se le puede y se le debe pedir que nos llene nuevamente, ¡cuánto mas el Padre de los cielos les dará el Espíritu Santo si se lo piden! ( Lc. 11,... 13).

Al estar en relación con el Espíritu nos hacemos portadores de Él, y participes en su acción que es a través de los carismas. Al respecto, bellamente San Basilio el Grande en el siglo IV nos escribe: "Así como los cuerpos límpidos y transparentes, cuando un rayo cae sobre ellos, se hacen también brillantes y, por reverberación, las almas portadoras del Espíritu, recibiendo del Espíritu la luz, se hacen también espirituales y envían sobre los demás la gracia" ( Tratado del Espíritu Santo Nº 23 ).



Necesitamos su Efusión

De acuerdo a nuestra apertura de corazón, el Espíritu se derrama sobre nuestra alma haciéndola gozar de la Gracia de una manera sensible, esa gracia en cantidad suficiente que Él posee en plenitud.

Necesitamos esta efusión del Espíritu, por lo menos una vez al día, no solo para nuestros trabajos apostólicos sino para todo ámbito de nuestra vida, solo así podremos ser verdaderos testigos de Cristo las 24 horas del día.

Hoy mas que nunca nuestra vida cotidiana necesita ser llenada de este Espíritu, El nos llevara al conocimiento y discernimiento de las cosas que suceden a diario y nos conducirá a aquel que es el camino la Verdad y la Vida y sentiremos la seguridad que solo se encuentra al estar en los brazos del Padre Dios.

Una vez uno de mis hijos vino corriendo y saltó entre mis brazos y desde luego lo abrazé contra mi pecho y él después de suspirar dijo: "no hay lugar más seguro que este", después de regocijarme en sus palabras me vino el pensamiento de que era El señor que me hablaba por su boca y así es, no hay lugar más seguro que en los brazos del Padre Dios, pero debemos saltar, saltar con libertad y es solamente a través del Espíritu Santo que podemos hacerlo a través del Espíritu que viene y nos hace exclamar Abba, es decir Padre.



¡Ven oh Santo Espíritu, ven por la poderosa intersección del Inmaculado Corazón de María!

Ven a renovar a tu Iglesia, y derrama tu fuego abrazador sobre todos aquellos que trabajan en el Reino, para que así, en el servicio, te busquemos a Ti y no a nosotros mismos, y encontrándote seamos capaces de servir a nuestros hermanos con un corazón inflamado de tu Amor.

Ven y derrámate con poder sobre todos aquellos que invocan el dulce nombre de Jesús y a través de los Carismas sucedan toda clase de señales, prodigios y Milagros.

No abandones la obra de tus manos. Amén

Alberto Botaro
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